Hoy…, te vamos a sorprender, porque quizás has pensado que cuando se habla de meditación solo te  imaginas a personas concentradas y acostumbradas a esa práctica que quizás para ti sea bastante más difícil.

Hemos hablado en anteriores ocasiones de los beneficios que la naturaleza aporta a nuestro cuerpo y mente.

Las actividades cotidianas y la rutina destruyen poco a poco las energías con las que nos movemos.

Por lo que es una buena opción realizar una escapada o viaje de vez en cuando, de manera que nuestra “pila” permanezca siempre cargada.

  • Al realizar una caminata dispersas tu mente de pensamientos y preocupaciones ya que además del esfuerzo físico que estás realizando, tienes que concentrarte en el recorrido. Cuando finalices ayudará también el cansancio en el que has dejado ese estrés o intranquilidad que pudiéramos llevar a cuestas. Un consejo; intenta llevar una atención plena a lo que estás realizando, cada piedra, cada planta, cada hoja, diferentes tipos de terrenos, calor, frío, sensaciones que tenemos y no somos conscientes. Incluso, una buena charla con compañeros en nuestra ruta es lo más… . HAS MEDITADO
  • Cuando llegamos a un destino, un pico, un lago, un lugar especial en nuestro camino y lo contemplamos… ESTAS MEDITANDO, recuerda las sensaciones y memoriza en tu retina; unos lugares nos llegan más al corazón que otros..
  • La necesidad de estar solo en algunos momentos en la naturaleza, disfrutar de ese momento especial aunque sea para tirar piedras al río… MEDITAS
  • Si eres consciente, sabes o quieres intentar disfrutar de un rato de MEDITACIÓN CONSCIENTE debes saber que lo importante es que estés cómod@, tanto en la postura como que no tengas ni frío ni calor, así que, busca ropa o cobijo donde te encuentres lo más confortable posible, y luego cuando cierres los ojos disfrutes de todas las sensaciones que se te ofrecen: olores, sonidos… si quieres tener los ojos abiertos, por supuesto, también visuales… aleja cualquier pensamiento que no te permita disfrutar el momento.

Un momento que yo recuerdo de una manera muy especial fue de las primeras escapadas que realizamos con nuestra tienda techo, tomar un café sentada frente al río Guadiana, en un paraje solitario y mientras disfrutaba del paisaje; ver asomar la cabeza de las tortugas, algún pez saltar, los sonidos de los pájaros y del viento al balancear algunos árboles… y es que cuando eres nómada, se necesita poco más…

 

 

 

 

 

 

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